Mauricio llegaba del juzgado con la mente llena de dudas por haber visto allí a los abogados de Rodrigo. Estaba cansado y, antes de ir a la suite de Verónica, decidió ir a su propia suite a darse una ducha para quitarse el estrés del viaje y del día. Apenas entró a su habitación y antes de que pudiera cambiarse, el teléfono comenzó a sonar. Era la recepcionista del hotel.
—Disculpe, señor Strikler —dijo la empleada—. Hay una mujer aquí abajo que insiste en hablar urgentemente con usted.
Mau