Ámbar abrió los ojos de par en par, como si la revelación hubiera detonado algo dentro de ella. Sus párpados se elevaron bruscamente, dejando a la vista todo el asombro que la embargaba.
Parecía casi incapaz de procesar lo que acababa de escuchar; sus labios se entreabrieron, pero por un instante no consiguió articular palabra alguna. Era una sorpresa tan descomunal, tan fuera de toda expectativa, que su mente apenas podía asimilarla.
—¿Qué? —susurró ella—. ¿Desde la primera vez que me viste… d