C152: Te digo que valdrá la pena.
La amistad entre Vidal y Raymond había surgido con naturalidad. Vidal era expansivo, jovial, alguien que no temía entablar conversación con desconocidos ni mezclarse con distintos grupos. Había nacido con esa facilidad para caer bien, para integrarse.
En cambio, Raymond era un contraste absoluto: reservado, taciturno, siempre envuelto en una seriedad que no era arrogancia, sino la consecuencia de una vida vigilada desde demasiado temprano. Aun así, la diferencia entre ambos terminó por complementarlos. Al principio, Vidal encontraba casi divertido “traducir” la personalidad rígida de Raymond para los demás, como si lo guiara en aquello que él mismo llamaba “habilidades sociales básicas”.
Con el paso de las semanas, sin embargo, ciertas cosas empezaron a cambiar. Raymond llegaba siempre en un coche distinto, perteneciente a la colección de su padre. Vestía con discreción, pero a simple vista era evidente que cada prenda provenía de marcas que la mayoría solo veía en revistas. Portaba u