C122: Siempre me has gustado mucho.

Layla permaneció frente a él, con los ojos suavemente fijos en su rostro.

—Tranquilo, todo va a estar bien —articuló.

Raymond permaneció en silencio, mientras tomaba conciencia de cada reacción de su propio cuerpo. De pronto, intentó incorporarse para recuperar algo de control.

—Tengo que irme.

Pero antes de que pudiera levantarse del todo, Layla colocó su mano con delicadeza sobre su pecho, asegurándose de que sus dedos descansaran sobre el torso de Raymond.

—Espera, Raymond —susurró—. Solo espera un momento.

El contacto provocó una reacción inmediata en él; cada fibra de su cuerpo pareció estremecerse ante la suavidad de sus manos, como si se hubiera vuelto súbitamente hipersensible a cualquier roce.

Layla, consciente de ello, empezó a deslizar sus dedos con movimientos medidos por su torso, acompañado con una voz sensual.

—Solo quiero cuidarte, nada más —murmuró, inclinándose un poco más para acortar la distancia entre ambos—. Me preocupa que estés así. Es la primera vez que te veo
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