C123: La trampa.
Ámbar permaneció anclada al umbral como si sus pies hubieran echado raíces en el suelo. La débil abertura de la puerta se convirtió en una ventana hacia una verdad que jamás creyó posible. Raymond estaba sobre Layla, devorando su boca con un frenesí casi incendiario.
Era un acto inequívoco, una entrega corporal que Ámbar no había visto jamás en él. La escena, iluminada por luz del dormitorio, parecía irreal, pero el movimiento de sus cuerpos, el ardor evidente en la respiración de Raymond, la f