Ecos en la Oscuridad
La madrugada se arrastró con lentitud, cargada de ruidos que no lograba ubicar del todo: crujidos en las paredes, un golpeteo suave en la ventana, el leve lamento del viento que se colaba entre las rendijas. Todo parecía amplificado en esa quietud tensa, como si la casa respirara.
Me levanté de la cama con cautela y caminé hacia el espejo que colgaba en la pared. Mi reflejo se veía pálido, con ojeras marcadas y los ojos demasiado brillantes. Pero había algo más, algo en el