El amanecer llegó sin pedir permiso.
Un rayo de luz dorada atravesó el polvo suspendido en el aire, colándose entre las grietas de las paredes y acariciando nuestras pieles heridas con un calor tenue y casi milagroso, un recordatorio silencioso de que, a pesar de todo lo que habíamos enfrentado, seguíamos aquí. Respirando, vivos, y con la posibilidad de un nuevo comienzo.
Salimos de la casa en silencio.
Cada paso que dábamos sobre los escombros era un crujido sordo, una pequeña ruptura en el mu