epílogo
El silencio llenaba la casa con una paz casi irreal, como si el tiempo mismo hubiera decidido detenerse para darnos un respiro después de todo lo vivido. La tormenta finalmente se había alejado, dejando tras de sí un cielo despejado que comenzaba a teñirse de un tenue color dorado. Era el amanecer, el primero que presenciábamos desde hacía demasiado tiempo, un amanecer que no solo anunciaba un nuevo día, sino un nuevo comienzo, una oportunidad para reconstruirnos a nosotros mismos y a