ELIO
Siento su mirada posada sobre mí, pesada como una acusación muda, cargada de todo lo que no hemos sabido decir.
Ella está allí, frágil, ardiente, esa mujer que vislumbré en un momento de debilidad, aquella que quizás aún quisiera creer en algo más.
Pero no puedo ofrecerle eso.
No ahora.
No aquí.
— Sofía, digo con una voz baja, casi ahogada, tengo trabajo atrasado. Debo salir.
Ella no responde.
No se mueve.
Veo sus ojos ahogarse en un océano de silencio, ese silencio que me rompe, que me du