LA TRANSFUSION IMPOSIBLE
El terror, un escalofrío helado, recorrió mi cuerpo, pero no duró. Mi mente, entrenada por mi padre para reaccionar ante las crisis, se puso en marcha. No tenía tiempo para el pánico. Tenía una hemorragia interna y una bala que sacar, o él moriría. Mis manos, que habían temblado hace un momento, se calmaron. La adrenalina me daba una claridad cruel. Sabía que no había un hospital cerca, ni equipo médico avanzado. Pero mi padre me había enseñado más que a cambiar una llanta y defenderme. Había si