El miembro más joven del comité se llamaba Artemi Koval.
Treinta y ocho años.
Brillante.
Ambicioso.
Invisible hasta que dejó de serlo.
No creía en la ideología del programa.
Creía en ocuparlo.
Y eso lo hacía útil.
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En la fortaleza, Dante observaba el perfil desplegado en la pantalla.
Historial impecable.
Cero escándalos.
Votos alineados con Volkov… hasta hace seis meses.
—Ahí empezó a dudar —murmuró Sergey.
—No dudó —corrigió Dante—. Calculó.
Mikhail cruzó los brazos.
—Los calculadores no trai