La grabación tardó exactamente diecisiete minutos en cruzar los primeros cortafuegos.
Treinta y cuatro en volverse tendencia clandestina.
Una hora en filtrarse a medios que jamás admitían fuentes anónimas.
No llevaba firma.
No llevaba explicación.
Solo imágenes.
Lluvia.
Edificio.
Orden repetida.
Y Dante eligiendo no ejecutar.
El mundo no sabía quién era realmente Zhar.
Pero entendía una cosa:
Alguien había desobedecido una orden de exterminio.
Y eso cambiaba el relato.
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En la fortaleza, las pa