Serena se acomodó en el sillón, con las piernas dobladas bajo una manta. El aire del búnker estaba más pesado de lo normal; no era solo el silencio… era la conciencia de que, por primera vez en mucho tiempo, estaban realmente solos. Sin Iván, sin Mikko, sin nadie que interrumpiera. Solo ella y Dante.
Él estaba de pie, apoyado contra la mesa, con los brazos cruzados y esa mirada fija que parecía leerla más de lo que ella quería permitir. Aquella noche sus ojos no eran fríos ni calculadores; habí