El amanecer se filtraba tímido por las rendijas metálicas del búnker, un resplandor débil que anunciaba un nuevo día. Serena abrió los ojos lentamente, y lo primero que sintió fue el calor de un cuerpo junto al suyo. Parpadeó varias veces, aturdida, hasta que la realidad cayó sobre ella como una ola: estaba recostada contra el pecho de Dante, envuelta en sus brazos.
Un rubor intenso le subió a las mejillas al recordar cada instante de la noche anterior. Sus labios, su piel, el fuego y la ternur