La noche había caído sobre Italia como un manto de sombras cargado de presagios. La fortaleza permanecía en silencio, pero en su interior la tensión era un arma afilada que se respiraba en cada pasillo. Dante, con el rostro endurecido y el traje negro ajustado a la perfección, estaba frente al mapa que cubría casi toda la pared del despacho principal.
Los puntos rojos marcaban las rutas de tráfico que alguna vez habían sido suyas y que ahora estaban en manos de Salvatore. Esos territorios no so