El rugido del motor de la caravana retumbaba contra las montañas cuando finalmente llegaron al camino de tierra que conducía a una finca apartada. El lugar estaba rodeado de alambradas oxidadas y muros de piedra antiguos, cubiertos por enredaderas salvajes. Serena reconoció de inmediato el terreno; había estado allí cuando era niña, acompañando a su padre en una visita a uno de los hombres más leales de su círculo: El Toro.
La caravana se detuvo en seco. Mikko apagó el motor mientras Dante, se