El amanecer se filtraba tímido por las pequeñas rendijas del búnker. El aroma a café recién hecho llenaba el ambiente, mezclándose con el sonido metálico de sartenes. Mikko e Iván ya estaban despiertos, preparando algo de comer en la pequeña cocina.
Dante, sentado en una de las sillas, observaba en silencio hasta que sintió la presencia de Serena acercándose. Ella todavía estaba un poco pálida por la noche anterior, pero sus pasos eran firmes.
—¿Cómo te sientes de la herida? —preguntó, inclin