El amanecer llegó con un aire denso al búnker. Habían pasado semanas allí, escondidos, entrenando, compartiendo lo poco que tenían, y aunque el lugar los había protegido, ya comenzaba a sentirse demasiado pequeño para albergar a todos.
Dante estaba sentado frente al mapa que habían desplegado sobre la mesa principal. El café humeante en su taza se había enfriado sin que le diera un solo sorbo. Sus ojos estaban clavados en los pasillos estrechos del búnker, en las salidas limitadas, en lo vulner