La sala se convirtió en un caos en segundos. Mientras Mikko y Iván se armaban, la alarma del almacén se activó, y las luces de emergencia se encendieron. Afuera, el sonido de las botas y los gritos de los guardias resonaban en la noche, anunciando su llegada.
—¡Son demasiados! —gritó Mikko, su voz, una mezcla de miedo y adrenalina, era un susurro.
—No lo son —dijo Serena, su voz era un ronroneo bajo y peligroso a través del casco—. Concéntrense.
La puerta de la sala se abrió con un estruendo, y