El convoy avanzaba devorando la carretera oscura como un animal metálico hambriento. Los faros perforaban la niebla espesa que cubría las montañas, y el eco de los motores se mezclaba con el rugido constante del viento nocturno. Dentro del blindado principal, Dante observaba las coordenadas proyectadas en la pantalla mientras su mandíbula permanecía tensada como una hoja de acero.
Esa noche no era una misión más.
Esa noche cerraban un ciclo que había comenzado años atrás.
Y él estaba listo para