El corredor descendía en espiral, tragándose cada rastro de luz a medida que avanzaban. Las antorchas azules no ardían: flotaban en silencio, como almas atrapadas en cristal. Cada paso que ella daba resonaba en las paredes húmedas, mezclándose con la respiración contenida de Zhar.
No hablaba.
No la miraba.
Pero su silencio pesaba más que cualquier amenaza.
Ella apretó los puños para ocultar el temblor.
Había intentado huir. Había visto una grieta, una posibilidad mínima, y la tomó… aun sabiendo