La noche cayó sobre Zhar como una manta pesada, densa y sofocante. El aire estaba cargado del aroma metálico de la tormenta que se formaba en el horizonte, y el palacio entero respiraba una tensión que parecía al borde de desgarrarse. Lo ocurrido horas antes —Isabella revelando más de lo que debía, Serena debilitándose hasta casi perder al bebé, Mikhail perdiendo por primera vez el control frente a toda la mesa de guerra— había dejado un rastro invisible que no se borraba ni siquiera con el sil