La noche había caído sobre la fortaleza con un peso casi físico, como si la oscuridad hubiera descendido para presenciar todo lo que estaba por desatarse. El aire vibraba con tensión concentrada, cada respiración cargada de una electricidad que no se atrevía a estallar. El último informe seguía resonando en las paredes del salón estratégico, y aunque todos mantenían un semblante de control, ninguna de las miradas podía ocultar la gravedad de lo que se avecinaba.
Dante caminaba de un lado a otro