Iván y Mikko se bajaron de la caravana, sus miradas recorrieron el lugar con desorientación. No había un solo rastro de civilización, solo una montaña imponente que se alzaba ante ellos, con una pared de roca que parecía impenetrable. Mikko, incapaz de contener su frustración, explotó.
—Oye, niña —gritó, con la voz cargada de ira y condescendencia—. ¿Cómo que aquí es seguro? Por si no lo has notado, estamos en medio de la nada. ¿Acaso nos has traído aquí para que nos maten?
Serena, con la mirad