Las murallas de la fortaleza se veían imponentes bajo la luz de la tarde. Serena esperaba en lo alto del balcón principal junto a Dante, ambos observaban el horizonte mientras la caravana blindada avanzaba por el camino de piedra. Nadie respiraba tranquilo: la llegada de La Roja era un acontecimiento que alteraba los cimientos mismos de la organización.
Las puertas de acero se abrieron con un estruendo controlado, y uno a uno los vehículos fueron entrando en el patio central. Los motores se apa