El eco de los aplausos aún resonaba en el salón cuando Serena dio un paso al frente. Su mirada se cruzó con la de Ekaterina Morozova, la hermana de Mikhail. Por un instante ambas se observaron en silencio, y luego Ekaterina abrió los brazos con una sonrisa amplia y luminosa.
—¡Serena! —exclamó con entusiasmo, olvidando toda formalidad.
Serena corrió hacia ella, y el abrazo que compartieron fue tan fuerte que parecía capaz de borrar los años y la distancia.
—Estoy tan emocionada de volver a vert