Serena se incorporó lentamente en la cama improvisada, intentando calmar su respiración. Sus manos temblaban, aunque hacía un esfuerzo casi doloroso por ocultarlo. La sábana áspera se le pegaba a la piel húmeda por el sudor frío, y su corazón golpeaba contra el pecho como si quisiera escapar.
Parpadeó varias veces, tratando de distinguir la oscuridad del búnker de la celda en su sueño, pero durante unos segundos no pudo. Aún sentía el olor a humedad, el eco de las cadenas, la sensación de esta