La oscuridad del búnker estaba rota solo por el suave zumbido de los generadores. Serena dormía, pero su cuerpo inquieto y su respiración entrecortada traicionaban la calma aparente. Su mente había viajado atrás en el tiempo, a un momento que nunca pudo enterrar del todo.
En el sueño, estaba en el jardín de la casa familiar, bajo el cielo dorado del atardecer. El aroma del café recién hecho llenaba el aire, y allí estaba él: su padre, de pie junto a la fuente, con su porte imponente y esa mira