El silencio en el búnker tenía un peso extraño aquella noche. Mikko y Iván se habían retirado a una de las habitaciones laterales, dejando a Serena y Dante solos en la cocina iluminada apenas por una lámpara tenue. El olor a café se mezclaba con el leve aroma metálico de las armas limpias que descansaban sobre la mesa.
Serena estaba recostada en la silla, con un vendaje en la mano aún manchada de ungüento. Observaba a Dante con una mezcla de cansancio y desafío. Él, sentado frente a ella, se a