La noche cayó sobre la Fortaleza como un sudario. En las torres, las antorchas ardían con un brillo inquieto, reflejándose en las piedras antiguas. El eco de los pasos de los guardias resonaba entre los pasillos, marcando el ritmo de una calma aparente que pronto se quebraría.
Desde su despacho, Serena revisaba los informes de las delegaciones que habían asistido a la cumbre. Las hojas estaban repletas de sellos, números, coordenadas y rutas comerciales. Todo parecía ordenado, pero algo en su i