La Fortaleza amaneció bañada por una neblina espesa que cubría los muros como un velo espectral. Desde las torres más altas, las banderas de La Roja ondeaban con solemnidad, manchando el cielo con su símbolo: la rosa blanca atravesada por un escudo de hierro. Aquel día, la historia de los clanes cambiaría para siempre.
Serena observaba el amanecer desde la terraza del ala este. El aire olía a hierro y lluvia. Bajo ella, el ejército de guardias uniformados se desplegaba como un enjambre. Cada pa