El amanecer se filtraba apenas por los ventanales altos de la fortaleza, dejando ver las motas de polvo dorado que flotaban en el aire frío. La residencia estaba silenciosa, aunque el corazón de su operación no descansaba nunca. Guardias patrullaban los pasillos, los generadores rugían en las cámaras subterráneas y, en el ala norte, la mente que mantenía todo ese imperio en movimiento ya estaba despierta.
Serena, con el cabello suelto y un chal oscuro cubriéndole los hombros, observaba los plan