La fortaleza reaccionó como un organismo herido.
No con pánico, sino con una violencia contenida que se desplazaba por sus venas de acero. Puertas selladas. Pasillos vaciados. Protocolos que no se activaban desde hacía años cobraron vida uno tras otro.
Dante no se movió del ala vieja hasta que el intruso estuvo completamente asegurado. No necesitaba mirarlo para saber que seguía sonriendo. Había hombres que sonreían incluso con la muerte respirándoles en la nuca.
—Llévenlo abajo —ordenó—. Nivel