No porque hubiera ruido, sino porque nadie se permitió cerrar los ojos del todo. Los turnos cambiaron sin anuncio, las rutas internas se alteraron apenas unos metros, lo suficiente para que solo quien conociera el patrón original notara la diferencia.
Y alguien lo notó.
Dante lo supo cuando el sistema marcó una corrección automática que nadie había ordenado.
—Ahí estás —murmuró.
No levantó la voz. No dio la alarma. Zhar no corría detrás de sombras: las dejaba avanzar hasta que se traicionaran s