Las horas transcurrían lentas y agonizantes en la sala de espera del hospital. Alejandro y Adrien no dejaban de caminar de un lado a otro, sus pasos resonaban en el suelo de mármol con un ritmo inquieto, reflejando la desesperación que ambos sentían. A cada minuto que pasaba, la incertidumbre los consumía más. No sabían si Camila seguiría luchando o si el destino les arrebataría toda esperanza.
Mientras tanto, en la cafetería del hospital, Andrés y Eduardo se sentaban en una de las mesas cercan