Nuestro para siempre
Todos estaban reunidos en el jardín trasero, donde un altar sencillo, adornado con hortensias, esperaban frente a una fila de sillas ocupadas por rostros familiares. Andrés sostenía a su hija menor en brazos mientras Sandra lo abrazaba por la cintura. Carlos y Emma conversaban con Isabel y Óscar, todos sonriendo, relajados.
Camila, aún tras bastidores, esperaba junto a su madre, Marta, quien no dejaba de llorar y sonreír al mismo tiempo.
—Nunca imaginé ver este día —susurró