Entre la herida y la esperanza
La noche había caído sobre la mansión Ferrer, tiñendo sus jardines y corredores con un silencio sereno, interrumpido solo por el susurro del viento entre los árboles. En la sala principal, una tenue lámpara de pie iluminaba a tres figuras que conversaban en voz baja.
Andrés, sentado al lado de Irma y con Sandra a su otro costado, relataba con seriedad los últimos descubrimientos sobre Margaret y su fuga del hospital psiquiátrico. Irma escuchaba atentamente, aún tr