Marianne despertó sobresaltada, al moverse sintió un fuerte ardor entre sus piernas, un cruel recordatorio de lo que había pasado, recorrió la habitación con la mirada, estaba sola, él se había marchado, pero aún podía sentir su olor entre las sábanas.
Se sentó, su cuerpo protestó ante el movimiento, los muslos le dolían, tenía los labios hinchados, sensibles, y sus muñecas tenían marcas rojas, el cuello le dolía, se pasó los dedos tratando de aliviar un poco la molestia.
Se levantó para dirigi