De nuevo una camioneta de color oscuro llegó por Marianne, al subir, se dió cuenta de que el Lobo estaba ahí como siempre, no hablaron, ella se concentró en el paisaje que veía a través de la ventanilla.
El lobo mantenía sus manos sobre sus rodillas, con la espalda recta y la mirada al frente, Marianne podía sentir su frialdad, instintivamente cruzó los brazos sobre su pecho en un intento de protegerse, estar junto a él en ese momento le parecía sofocante.
Después de casi una hora, llegaron a u