La tenía ahí, debajo de mí, desnuda, temblando, su cara estaba empapada de sudor, con los labios entreabiertos, jadeando, su corazón latía a mil, podía sentirlo. Pero no me empujaba, no gritaba, no me decía que parara. Solo me miraba con esos ojos grises, llenos de rabia. Esa mirada me volvía loco, me hacía querer romperla, tomarla, hacerla mía hasta que no quedara nada más. Pero, mierda, también quería protegerla, y eso me jodía más que nada.
Era la primera vez que la tocaba así, sin nada entr