Capítulo CXXIII
Maximiliano
Camila y yo salimos del hospital tomados de la mano. Nos dirigimos al estacionamiento; al llegar al auto le abro la puerta y, cuando se sube, la cierro con cuidado. Doy la vuelta, entro al asiento del conductor y arrancamos rumbo a su casa.
Le sostengo la mano mientras manejo. Hay algo que me carcome por dentro desde hace rato, una curiosidad que no me deja en paz.
—Camí… tenemos un asunto pendiente —digo sin apartar la vista del camino—. Algo que no dejo de pensar.