Capítulo CXLVII
Maximiliano
Han pasado tantas cosas en estos meses.
Estoy en mi oficina, con un vaso de whisky entre los dedos, mirando un punto fijo sin verlo realmente. No dejo de pensar en mis pequeños. En cómo Lían se despierta en las madrugadas, llorando desconsolado. En cómo Camila, cada noche, intenta consolarlo mientras su propio corazón se rompe en silencio.
Van avanzando en terapia con la psicóloga. Paso a paso. Sin prisas. Sin milagros.
Aún les falta sanar… pero al menos ya no están