Capítulo CXLIX
Camila
Han pasado tantos meses desde todo lo que vivimos… uno de los recuerdos más dolorosos sigue siendo la muerte de Máximo, el gemelo de Max. Esa pérdida nos marcó a todos, pero a Max… más que a nadie. Hubo un tiempo en que se encerraba en su despacho, con las luces apagadas, dejando solo un hilo de luz proveniente de la lámpara. Me dolía verlo así, destrozado, consumido por la tristeza.
Máximo murió sin poder arreglar las cosas con Maximiliano, sin un perdón, sin despedidas. Y esa ausencia, esa falta de palabras, se siente en cada rincón de la casa… y en cada silencio de Max.
Lo veía luchar con su dolor, ocultando tras su seriedad un vacío que nadie podía llenar.
A veces, cuando creía que no lo miraba, lo veía cerrar los ojos y respirar hondo, como si intentara contener lágrimas que no podían salir. Otras veces, se recostaba un momento en el sillón, apoyando la cabeza contra la pared, y yo me preguntaba cuántas noches había pasado así, solo, enfrentando la soledad q