Capítulo CXLVIII
Maximiliano
Meses después…
En un rato iremos por ellos al aeropuerto.
Mis hijos están jugando en la piscina.
Ríen.
Salpican agua.
Se empujan sin malicia.
Por un momento, todo parece normal.
En paz.
No pasa mucho tiempo cuando escuchamos el sonido de un auto.
Al verlo entrar, los gemelos salen corriendo del agua.
Empapados.
Descalzos.
Sin importarles nada.
—¡Tía! —gritan al unísono.
Clarissa apenas alcanza a reaccionar cuando ya los tiene encima.
Los abraza como puede, riendo en