Capítulo CXLVIII
Maximiliano
Meses después…
En un rato iremos por ellos al aeropuerto.
Mis hijos están jugando en la piscina.
Ríen.
Salpican agua.
Se empujan sin malicia.
Por un momento, todo parece normal.
En paz.
No pasa mucho tiempo cuando escuchamos el sonido de un auto.
Al verlo entrar, los gemelos salen corriendo del agua.
Empapados.
Descalzos.
Sin importarles nada.
—¡Tía! —gritan al unísono.
Clarissa apenas alcanza a reaccionar cuando ya los tiene encima.
Los abraza como puede, riendo entre lágrimas.
Rafael sonríe detrás de ella.
Caminan tomados de la mano.
Ella con una sonrisa cansada.
Él atento, sin soltarla ni un segundo.
Me acerco.
—Ya era hora —bromeo.
Clarissa sonríe apenas.
—Siempre tan exagerado.
Rafael me da un abrazo corto.
—¿Listos?
—Más que listos —respondo.
Miro a mis hijos aferrados a su tía.
Como si no quisieran soltarla nunca.
Y entiendo…
Que también ellos necesitaban ese abrazo.
—Vamos —digo al fin.
Y juntos, salimos rumbo a recibirlos.
Venimos en camino platic