El resto de la tarde quizás no siguió como él quería. Después de comer nos entró sueño, así que inevitablemente terminamos dormidos viendo una película en la sala.
Cuando desperté, la luz del sol ya se estaba poniendo y no había ningún rastro de Dante.
Antes de levantarme a gritarle, vi un papel sobre la mesa, al lado de un ramo de rosas rojas y un montón de chocolatinas. Casi igual al que me había regalado en el aeropuerto.
La nota decía:
“Sigue el camino de las rosas”.
Me levanté buscando el