Salí del baño sin mirarlas y Dante estaba al frente, esperando contra la pared, con las manos en los bolsillos. Se veía más que molesto, y yo estaba molesta.
—¿Por qué fuiste al baño sola?
—Quizás porque soy una adulta que no necesita supervisión.
—Aurora, no. Ahora no.—Se acercó a mí lo suficiente como para que pudiera sentirlo, pero no me tocó.
—¿Ahora no, qué? ¿Qué te pasa? —«No podía llegar molesto por no sé qué mierda cuando yo estuve tratando de no darme puñaladas con sus ex». —¿Qué pasa?