Mi tío abrió los ojos, sorprendido, y yo seguía sin entender por qué les sorprendía que alguien de su familia nos ayudara.
Los miré a los dos con fastidio.
—¿No es obvio que el tipo era un idiota? Claramente alguien de su familia lo iba a odiar —dije en forma de broma.
—¡¿Por qué no te tomas las cosas en serio?! —dijo con voz calmada, sin subir el volumen, casi fría, como si no le importara lo que estaba pensando— Aurora, por una puta vez en tu vida... —desesperado, se pasó una mano por la cara