Sus manos me tocan, sus respiraciones se mezclan con la mía… pero mi mente está en otro lugar.
—¿Otra vez, Chloe? —la voz de Mark me arrastra de golpe a la superficie. No suena enojado… suena dolido, como si volviera a reconocer que me evado y eso lo lastimara.
—Vamos, dinos qué podemos hacer para que lo disfrutes —insiste Mark, con la misma insistencia empalagosa. No me provoca ternura. Nunca me la provocó. Siento fastidio, una náusea fina que aprendo a tragar cada noche como si fuera agua suc