No creía en el destino, aunque mis padres siempre me aseguraron que todos teníamos uno. No fue hasta conocerla a ella que lo entendí… aunque inicialmente me quise negar a creerlo.
Natalia, nuestro sol.
Desde que la vi, supe que algo en mí se quebró sin remedio. No por debilidad, sino por fuerza contenida. Por esa necesidad brutal que despierta en mí con solo respirar cerca de ella. Y ahora… está aquí. En mi cama. A mi lado porque es mi mujer, mi esposa y la de mis hermanos.
La sábana blanca cub