Lo confirmamos en cuestión de horas. Aunque vivíamos en distintos estados por nuestro oficio, acceder al sistema de vigilancia en Texas fue pan comido. Lo que hallamos lo dejaba claro: la explosión había sido provocada. No había sospechosos y, por mi experiencia, al ser un clan en el peldaño más bajo dentro de la élite, la investigación jamás prosperaría. El caso terminaría archivado en unos meses. Para cualquiera… menos para nosotros.
—Regresemos a casa, Sergei. Aquí no hay nada más que hacer.